Plan de Lectura en Mar del Plata
En el salón de la Cooperativa de Seguros Bernardino Rivadavia, se presentó el Plan de Lectura dependiente del Ministerio de Educación de La Nación. Con tal motivo se realizó un encuentro con la participación del escritor Carlos Silveyra, cuyos textos son ampliamente conocidos tanto por docentes como por niños y niñas . En una charla abierta, el autor dialogó con docentes y bibliotecarios y brindó un taller de lectura en voz alta.
Este programa nacional, coordinado por la Prof. Margarita Eggers Lan, se articula con el Plan Provincial “La escuela lee más” y se propone difundir la lectura en voz alta, el encuentro con escritores y narradores, la realización de jornadas comunitarias de lectura, entre otras acciones para que los alumnos puedan acceder al derecho de leer.
Carlos Silveyra es argentino, nacido en Buenos Aires. Además de su obra narrativa, se ha dedicado a la investigación del folklore oral infantil. Durante su charla expresó que: “Creo que la escuela debería dar sed de lectura, es decir, trabajar más apuntando al deseo de leer. Yo formo parte de una red de investigadores en literatura infantil. Pero somos sólo dos personas de las dieciséis que integramos la red, que estamos en esta posición de recuperar lo que se dice y no lo que históricamente es valioso. Así fue que yo me detenido en recopilar adivinanzas, cantares, colmos dichos por los mismos chicos y lograr introducirlos a la literatura a través de esas cosas. Me he detenido en investigar y recopilar por ejemplo los “Como se dicen”. Y el mecanismo de los cómo se dicen es buscar una expresión que suene a otro idioma aunque semántica refiera al castellano. Por ejemplo ¿cómo se dice náufrago en chino? Chin chu lancha. Los chicos viven diciendo estas cosas, y no tomarlas en cuenta o desestimarlas me parece que no ayuda a incentivar a los niños en el placer de leer. Porque para que se desarrolle el hábito primero debe estar el placer.” Sobre el origen de estas expresiones literarias hizo referencia Carlos Silveyra: “de algunas de estas especies del folklore infantil, como las adivinanzas, tenemos registro desde los antiguos griegos. Lo que hacía el oráculo era proponer una adivinanza, y también estaban los enigmas, que son en prosa. Los colmos, por ejemplo, son del siglo xx. Lo que tienen de bueno estos materiales es que atrapan al lector, aún cuando todavía no tienen una gran constancia para abordar textos largos.”
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